Los miserables victor hugo


Verdad, Revolución y Libertad
Fragmento del discurso de Enjolras en la barricada de la calle Chanvrerie
Los Miserables, Victor Hugo. Año 1862, Pág.850


¡Ciudadanos! Suceda hoy lo que quiera; venzamos, o seamos vencidos, vamos a hacer una revolución. Así como los incendios iluminan toda una ciudad, las revoluciones iluminan todo el género humano. ¿Y qué revolución haremos? Acabo de decirlo: la de la verdad. Bajo el punto de vista político no hay más que un principio: la soberanía del hombre sobre sí mismo. Esta soberanía del yo sobre el yo se llama libertad. Después que dos o más de estas soberanías se asocian, empieza el Estado. Pero en esta asociación no hay abdicación. Cada soberanía concede cierta parte de sí misma para formar el derecho común; parte que es igual para todos. Esta identidad de concesiones hechas por los individuos en beneficio de todos, se llama Igualdad. El derecho común no es más que la protección de todos, irradiando sobre el derecho de cada individuo. Esta protección se llama Fraternidad. El punto de intersección de todas estas soberanías que se agregan, es lo que recibe el nombre de Sociedad. Siendo esta intersección una unión, el punto en que se verifica es un nudo. De ahí lo que se denomina Vínculo social. Algunos dicen contrato social, y viene a ser lo mismo, por cuanto la palabra contrato se forma etimológicamente con la idea del vínculo. Entendámonos acerca de la igualdad; pues al paso que la libertad es la cima, la igualdad es la base. La igualdad, ciudadanos, no significa toda la vegetación a nivel; una sociedad de matas grandes y de encinas pequeñas; un conjunto de envidiosos hostilizándose; civilmente la igualdad significa el camino abierto a todas las aptitudes; políticamente, el mismo peso para todos los votos; religiosamente, el mismo derecho para todas las conciencias. La igualdad tiene su órgano, y este órgano es la instrucción gratuita y obligatoria. El derecho al alfabeto; por ahí se debe empezar. La escuela primaria impuesta a todos; la escuela secundaria ofrecida a todos; tal es la ley. De la escuela idéntica sale la sociedad igual. ¡Sí! ¡Enseñanza! ¡Luz! ¡Luz! De la luz emana todo, y todo vuelve a ella. ¡Ciudadanos! el siglo XIX es grande; pero el siglo XX será dichoso. Entonces no habrá nada que se parezca a la antigua historia; no habrá que temer como hoy, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones a mano armada, una interrupción de civilización por un casamiento de reyes; no habrá que temer un nacimiento en las tiranías hereditarias, un reparto de pueblos acordado en congresos, una desmembración por hundimiento de dinastía, un combate de dos religiones al encontrarse frente a frente; no habrá ya que temer el hambre, la explotación, la prostitución por miseria, la miseria por falta de trabajo, el caldaso*, la cuchilla, las batallas y todos estos latrocinios del acaso en la selva de los acontecimientos. Casi pudiera decir que no habrá ya acontecimientos. Reinará la dicha. El género humano cumplirá su ley, como el globo terrestre cumple la suya; la armonía entre el alma y el astro se restablecerá; el alma gravitará en torno de la verdad, como el astro en torno de la luz.
* Tablado erigido para patíbulo